Del 7 al 20 de julio de 2019

Bernardo Rodríguez,
el Gran Maestro de WOBLAND

Tras 37 años dedicados en cuerpo y alma a la enseñanza y la formación de jóvenes, tanto en el colegio como en la cantera del Club Unicaja, Bernardo Rodriguez, maestro vocacional y uno de los referentes de nuestro país en el trabajo del baloncesto base, cumplirá su segunda temporada como director técnico de Campus WOB.

No hay jugador que haya sido entrenado por Bernardo, que no hable maravillas acerca de su trabajo y sobre su persona. Sin ir más lejos, algunos de los integrantes de la mejor generación de baloncestistas que ha dado el baloncesto español, pasaron antes por sus manos, entre ellos, su propio hijo, Berni Rodriguez.

Ilusionados por seguir contando con la sabiduría de Don Bernardo en la familia WOB, os dejamos una pequeña entrevista con el objetivo de que conozcáis de primera mano cuales son los pilares de su filosofía en el entrenamiento del baloncesto de los más jóvenes.

Entrevista

Hola Bernardo, ¡y bienvenido! Queremos preguntarte, qué hace un entrenador y un maestro como tú, en un campus como éste.

Vivir una atractiva experiencia, aprender y poder compartir con todos los integrantes del campus algo tan gratificante como es la enseñanza y el aprendizaje de este bello deporte.

Te hemos escuchado decir muchas veces en tus cursos y clinics que el objetivo de la práctica del baloncesto en las edades de formación solo puede ser el de contribuir a la formación personal del niño en todos sus aspectos, (físico, psicológico, cognitivo, social…), ¿podrías explicarnos esto con más detalle?

Habría que subrayar la palabra “contribuir”, ya que el grueso de la responsabilidad de la formación humana del individuo recae, como es obvio, en la familia.
El baloncesto, en consecuencia, no puede ser un fin en sí mismo, sino un medio para adquirir un adecuado desarrollo físico y de hábitos saludables, adquirir y desarrollar valores personales y sociales, tales como el compromiso, la perseverancia en situaciones tanto favorables como desfavorables, asumir responsabilidades individuales en beneficio del grupo, el respeto a los demás, la solidaridad o la aceptación de la victoria y la derrota como una parte más del proceso de la vida.

El baloncesto además, favorece el desarrollo de las habilidades de atención y concentración, desarrollando la capacidad de los jóvenes para procesar la información que reciben, favoreciendo la confianza en si mismos, su autoestima, el autocontrol, la tolerancia hacia el esfuerzo y el sacrificio.
En definitiva, es lo que se van a encontrar, con diferentes matices, a lo largo de sus vidas. El baloncesto puede y debe ayudar para que el niño adquiera un desarrollo equilibrado en todos los factores anteriores.

Por eso, en nuestro trabajo como entrenadores tenemos que tener siempre en cuenta que la actividad que realizamos es mucho más que la enseñanza de habilidades técnico-tácticas. ¿Nos sentiríamos realizados como entradores de formación si ganásemos muchos partidos pero nuestros jugadores son insolidarios, no respetan a los demás o no son capaces de aceptar el fracaso como algo inherente al juego? Por eso es tan difícil ser entrenador de formación.

En resumen, PRIMERO EDUCACIÓN, LUEGO BALONCESTO.

Bueno si, visto de forma muy general y resumida, este sería el punto de partida que condiciona mi trabajo como entrenador de formación. A partir de esto, haría las siguientes consideraciones respecto a mi práctica concreta.

El niño es un todo, el juego es un todo. Como tales hay que tratarlos a la hora de diseñar nuestra práctica.

Nuestra práctica tiene que partir del juego y sus requerimientos. Como es lógico, a veces hay que trabajarlos de forma aislada, pero inmediatamente hay que volverlos a integrar para que se produzca la adecuada transferencia al juego.
Hay que resaltar el valor de la competición como medio de aprendizaje, y que la misma sea asumida como tal por el niño. Pero además, este carácter de la competición tiene que ser también asumida por el entorno familiar. Una actitud deformada de las familias ante la competición puede provocar daños irreversibles en la formación del niño.

Por otro lado, me interesa mucho más el proceso que se sigue para alcanzar un objetivo final que el resultado de este. Ganar sin alcanzar los objetivos individuales y colectivos planteados en el partido no debe ser un motivo de satisfacción para un entrenador de formación.

Tampoco podemos olvidar que la principal fuente de información de un entrenador son sus propios jugadores, por eso, fijarse en ellos, en cómo evolucionan, dónde tienen los problemas y saber cómo afrontar estas situaciones es nuestro mejor medio de formación como entrenadores.

En CAMPUS WOB damos mucha importancia a la gestión de las emociones. Te hemos oído decir alguna vez la importancia que tú le das a la gestión de las victorias y las derrotas.

Efectivamente. Ganar o perder son las dos posibilidades que siempre nos vamos a encontrar en la competición. Tenemos por tanto que enseñar a los niños a competir dentro de la honestidad deportiva, y lo que es más importante, saber gestionar las victorias y las derrotas. El objetivo final que pretendemos en el baloncesto de formación no es formar “campeones de nada” sino el proceso tanto individual como colectivo, y siempre en función de las características y posibilidades de cada niño. Por ello, el proceso de aprendizaje implica que los jugadores aprendan a “crear juego”, compartir, divertirse y jugar.

En relación a esto último, es fundamental que se individualicen los entrenamientos y el aprendizaje, pues no todos los niños tienen el mismo recorrido físico, ni técnico, ni emocional, por lo que es necesario adecuar las tareas a las posibilidades de cada uno. Si no es así, corremos el riesgo de que se frustren y pierdan el placer por jugar.

La diversión es entonces el primer gran objetivo, ¿verdad?

Éste es el objetivo que todos deseamos conseguir con nuestros jugadores: DIVERTIRSE. Pero este objetivo tiene que ir de la mano del esfuerzo y la superación. Si nuestros jugadores no mejoran, nuestro trabajo ha quedado incompleto. Yo personalmente veo fundamental el desarrollo de las cualidades psíquicas del niño desde la práctica del baloncesto. Creo que los factores emocionales juegan un papel determinante en el proceso formativo, tanto como el físico y el técnico-táctico.

Todas estas ideas de las que hablo están bastante asumidas por la mayoría de los entrenadores de formación, el problema está en ponerlas en práctica ya que su implementación no es nada fácil, y requiere una formación y esfuerzo importante por parte del entrenador.

¿Podrías hablarnos un poco sobre tu metodología? ¿Cómo es una sesión concreta de entrenamiento según tus ideas?

Me gusta aprovechar el tiempo de trabajo al máximo, diseñando tareas en las que participen el mayor número de jugadores al mismo tiempo y, si pueden ser todos, mejor que mejor.
En las edades de iniciación a nivel de carga de entrenamiento priorizaremos el volumen sobre la intensidad, si bien, en los ejercicios de tecnificación, una vez dominada la habilidad, debemos exigir la mayor intensidad posible, pues en el juego va a ser siempre así.
Metodológicamente, me gusta partir del juego, como dije al principio, y desde sus requerimientos, trabajar las habilidades técnicas correspondientes, para luego volver al juego. Creo que de esta manera, la transferencia de la habilidad es mucho mayor que si se trabaja aisladamente. Me parece fundamental que los jugadores desarrollen la toma de decisiones, ya que estas van a ser claves a la hora de interpretar el juego. Por eso, me gusta que las tareas, actividades y ejercicios estén contextualizados a la realidad y que obliguen a una toma de información constante del entorno.

Este año, en CAMPUS WOB, tenemos como novedad el CAMPUS WOB PRO, destinado a aquellos chicos y chicas mayores de 12 años que desean aprovechar más la semana de campus para trabajar y mejorar su técnica, ¿qué importancia piensas que tiene la edad de los jugadores a la hora de entrenar la tecnificación?

Quiero que en las edades de iniciación, los chicos adquieran el mayor repertorio motriz posible que les sirva de base para un posterior trabajo de tecnificación. Por eso, en las primeras edades, (8-11 años) buscaremos el desarrollo de habilidades y destrezas básicas sin profundizar en demasiados detalles técnicos. A partir de los 12 años aproximadamente se puede iniciar un proceso de tecnificación general de base y a partir de los 14-15 un proceso de tecnificación específico. Las edades planteadas son totalmente flexibles y la decisión a tomar por parte del entrenador irá en función del nivel de desarrollo alcanzado por sus jugadores.

Por último, un caso especial para ti: el entrenamiento del tiro a canasta.

Sí, el tiro es un caso especial. Desde mi punto de vista, al ser un gesto muy construido, debe empezar a trabajarse desde los primeros momentos, evidentemente no en todos sus apartados técnicos pero sí en aquellos que, si se adquiere un hábito pernicioso, en el futuro sean muy difíciles de corregir.

Un aspecto fundamental del entrenamiento es el tipo y la forma en que corregimos a los jugadores en el transcurso de su aprendizaje. Evidentemente, excluimos cualquier forma que atente contra la dignidad de estos (insultos, menosprecios, etc). Priorizo los refuerzos positivos sobre los negativos utilizando lo menos posible el adverbio “no” y, en el caso de que la actividad se realice mal, exponer la que entiendo que es la respuesta correcta. Serían, por tanto, correcciones constructivas que le den la oportunidad de corregir.

Bueno Bernardo, todo un placer poder tenerte entre nosotros, y hasta el próximo 2 de julio en la que será la edición 16 de un CAMPUS WOB que sigue creciendo en equipo.

Espero con mucha ilusión esa fecha y ponerme al servicio del campus y de los chicos y chicas participantes para que su estancia en él sea lo más amena, atractiva y productiva posible.

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