Del 7 al 20 de julio de 2019

Ganar o perder, cuestión de matices

Bernardo Rodríguez
Director técnico de Campus WOB

Hay un tema que me preocupa bastante en el baloncesto de formación. Se trata del tratamiento y gestión que hacemos los entrenadores respecto a las victorias y derrotas de nuestros equipos, y más concretamente en los casos en que la diferencia entre uno y otro equipo es de tal naturaleza que el resultado final del partido puede llegar a considerarse humillante para el perdedor.

Pensad en un resultado de 135-8 en baloncesto, de 27-0 en fútbol u otro desenlace similar en cualquier otro deporte. La primera reflexión que nos hacemos es la de cómo se sentirán los chicos y chicas del equipo perdedor ante un marcador de este tipo . Y se nos aparecen inmediatamente una serie de términos inherentes a esta realidad: humillación, abuso, falta de respeto etc. por parte del ganador. Hay que decir que resultados como éstos no son infrecuentes en categorías de formación inicial y que los organismos federativos establecen mecanismos de corrección para atenuar los efectos negativos que tales diferencias puedan suponer en chicos/as tan jóvenes.

En mi vida de entrenador he vivido la circunstancia que estamos tratando hoy desde ambas perspectivas, como ganador y como perdedor, y os puedo asegurar que gestionar resultados de esta naturaleza no es nada fácil ni para el entrenador que gana ni para el que pierde. ¿Qué podemos hacer?

En baloncesto, por ejemplo, cuando un partido alcanza una diferencia de cuarenta puntos se cierra acta con el resultado que en esos momentos figure y que será el que se considere como resultado final desde el punto de vista federativo. Al mismo tiempo, se impide al equipo ganador presionar en todo el campo obligándole a defender sólo en campo defensivo y, además, no se parará el reloj hasta el final del partido.

En mi vida de entrenador he vivido la circunstancia que estamos tratando hoy desde ambas perspectivas, como ganador y como perdedor, y os puedo asegurar que gestionar resultados de esta naturaleza no es nada fácil ni para el entrenador que gana ni para el que pierde. ¿Qué podemos hacer?

Cómo entrenador ganador:

Parto del hecho de que, evidentemente, no quiero en ningún momento ni humillar, ni abusar, ni faltarle el respeto al equipo contrario, ni voy a permitir que ninguno de mis jugadores lo haga. Desde esta premisa inicial qué puedo hacer. Dejar de trabajar sí que me parecería una falta de respeto hacia el oponente, mostrar conmiseración y lástima es, de alguna forma, demostrar al oponente su inferioridad. Hacemos entonces lo que denominamos “normas de estilo” es decir, condicionantes en el juego que nos permitan seguir aprendiendo y mejorando en aquellos aspectos que estemos trabajando según nuestra planificación. Pondré algunos ejemplos:

  • Defender sin hacer ayudas defensivas con lo que fomento la responsabilidad individual de mis jugadores.
  • Defender las líneas de pase sin robar el balón.
  • Defender un tiempo de la posesión con la mayor intensidad pero sin robar el balón.
  • Finalizar todos los contraataques con tiro en vez de bandejas.
  • Finalizar todos los ataques con tiro exterior.

En definitiva, acciones que limiten ampliar la ventaja pero que, al mismo tiempo, no restrinjan la capacidad de trabajo y de aprendizaje de mis jugadores. También, por qué no, de aprendizaje del equipo contrario.

Entrenador del equipo perdedor:

Esta es una figura clave en la gestión de estas situaciones. En primer lugar, debe de valorar el nivel técnico de su grupo a la hora de elegir la categoría donde quiere competir. Si, a pesar de todo, decide inscribir a su equipo en el máximo nivel, tiene que ser consciente de ello y preparar mentalmente a sus chicos o chicas para ello. También preparar a los padres (a veces son los padres los que se sienten realmente humillados y no sus hijos).

Al final, y como resumen, diré algo que es básico en la enseñanza: mucho más importante que el resultado de lo que enseñamos es el proceso que seguimos para alcanzarlo.

En segundo lugar, y esto debe de ser la clave de todo, tiene que enfocar todos lo partidos y toda la competición como un medio más de aprendizaje y no en términos de ganar o perder. Muchas veces con un marcador adverso (o incluso muy adverso) se aprende muchísimo. Pero para ello tenemos que plantear unos objetivos muy concretos y alcanzables y, si éstos se cumplen, hay que considerar que hemos ganado porque, aunque el resultado final diga lo contrario, nosotros hemos cumplido los objetivos fijados.

Pongo un ejemplo muy concreto: sé que el equipo con el que juego el próximo día es netamente superior al mío, especialmente en el plano físico. Propongo entonces el objetivo de que en cada acción de rebote mis jugadores bloqueen al jugador contrario. Fijaos que la propuesta es bloquear, no coger el rebote ya que la superioridad física del rival es tal que cumplir ese objetivo es muy difícil. Al ser un objetivo alcanzable, si lo cumplimos, hemos ganado, diga lo que diga el resultado del final del partido y he utilizado la competición como un importantísimo medio de aprendizaje. Nadie tiene que sentirse humillado porque todos hemos aprendido algo, todos hemos ganado.

Al final, y como resumen, diré algo que es básico en la enseñanza: mucho más importante que el resultado de lo que enseñamos es el proceso que seguimos para alcanzarlo. Y nunca olvidemos que los entrenadores de formación somos, ante todo, enseñantes.

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