Del 7 al 20 de julio de 2019

De la libertad, la música y la educación

Salva Marina
Director Musical de WOB

Voy paseando por el centro de Málaga con mi hija de año y medio, miento, ella en realidad no pasea, la paseo yo en un carrito al que va amarrada con un cinturón, y de pronto, dejando en un segundo plano a la extraña sinfonía compuesta azarosamente por bullicio de las rebajas, los guías turísticos con pequeños megáfonos y el gentío de las infinitas terrazas, se abre paso una música tremendamente auténtica. Algunas personas rodean a un grupo de músicos jóvenes, pero no menos expertos, que están tocando Jazz con raíces estilo New Orleans. A mi hija se le cambia la cara e intenta pegar un salto, se mueve como loca y me mira como diciendo “sácame de aquí por la gloria de Pocoyó”. Una vez liberada, se menea locamente y muerta de risa, experimenta, lo que viene siendo de toda la vida un subidón.

Hay algo especial y universal en la música que nos atrae, un imán irresistible que nos atrapa y nos traslada como a otra dimensión. En realidad, lo que ocurre es que hay pocas cosas tan humanas como la Música. Está en el fondo de nuestra naturaleza, tanto que es a lo que más nos parecemos. El hombre, como la música, está sujeto inexorablemente a las leyes de de la Armonía y del Ritmo, y se desarrolla en el Tiempo, como la vida, como el universo.

La música emociona y nos puede hacer llorar de felicidad, saltar de rabia, o entrar en paz con lo que nos rodea, tiene por tanto una fuerza, que puede ser hasta peligrosa. Es un arma de emocionar masiva.

Hay quien habla de la música como el más universal de los idiomas, no necesita, desde luego, traducciones y presentaciones para ser entendido. Y es que, seguramente, como dicen muchos antropólogos, la música, de una manera elemental, fue el primer idioma usado por la humanidad (también por otros animales), y así sabemos que mientras más antiguo es el idioma, más importancia tienen en él los elementos expresivos, la acentuación, la entonación, etc. Hay quien llega a afirmar que la música es el verdadero idioma del cosmos, de la naturaleza. Y de alguna manera hay una estrecha relación entre una cosa y la otra.

Afirmaba el filósofo alemán Kreuse que “la música es una imitación inconsciente de las leyes del mundo, reflejadas en el alma humana”. Desde luego, hay ciertas músicas que nos elevan el alma a lugares insospechados. Que como una gran novela o una maravillosa película nos hacen sentir mejor persona, con la salvedad de que no se haga ninguna reflexión concreta o se haya contado una historia determinada. La música emociona y nos puede hacer llorar de felicidad, saltar de rabia, o entrar en paz con lo que nos rodea, tiene por tanto una fuerza, que puede ser hasta peligrosa. Es un arma de emocionar masiva. A veces se ha utilizado con fines políticos, por ejemplo, qué sería de los nacionalismos sin la música. Hay himnos verdaderamente emocionantes, como el de la antigua URSS, o obras para ensalzar los valores patrios como Má Vlast de Bedrich Smetana, que verdaderamente ponen los vellos de punta. Y sin duda la relación entre las Religión y la Música es determinante, no hay nada que nos “Re-ligue” mas a la naturaleza como cantar y bailar, o simplemente escuchar con los ojos cerrados. La música forma parte de los múltiples ritos casi como una unidad, al igual que de infinitos rituales de índole social o festivo.

La música es probablemente el único reducto de libertad que nos queda a los seres humanos, es un terreno para la paz, para imaginar, para recordar y para ser felices

De hecho, tenemos una enorme tendencia a relacionar momentos claves en nuestras vidas con ciertas músicas. La música y las canciones también han servido como vehículo para la reivindicación social, para usarla como arma contra las injusticias y unir a la gente en pro de una causa concreta o simplemente en torno a una idea bella o justa, también, no hay que olvidarlo, para lo contrario. Hay por tanto que tener cuidado con ella, saber como usarla y también hay que cuidar mucho de ella, protegerla, porque la música es probablemente el único reducto de libertad que nos queda a los seres humanos, es un terreno para la paz, para imaginar, para recordar y para ser felices.

Decía el gran maestro, pianista, director y compositor Ferruccio Busoni que “la música nace libre y su destino es conquistar la libertad”, por eso convertirla excesivamente en un negocio o una moda puede, a veces, distorsionar la percepción y hacer que se valore una obra por elementos adyacentes o coyunturales, es inevitable. Pero siempre ha habido música que se ha resistido a ser encarcelada y ha sobrevivido a su tiempo y se ha hecho universal. Esa es la música que permanece, como las grandes personas de la humanidad, como los héroes que hacen avanzar la historia, cuyo propósito siempre fue ejercer la libertad, sacando lo más auténtico que había en ellos.

No es más que un bello barco donde subirnos para mostrarnos a nosotros mismos y al mundo quienes somos.

Potenciar la musicalidad en nosotros, por tanto, es un elemento interesantísimo para el desarrollo personal, para sacar lo mejor de nosotros y también para sentirnos más libres siendo de verdad nosotros mismos. La educación musical debería ser concebida no como un elemento tangencial en los currículos escolares, debería estar presente en su base más elemental así como servir de herramienta para el conocimiento. Es lo que en inglés se denomina, Music Education, que no musical education (educación musical). No hay una traducción literal para el castellano, pero digamos que es más bien la educación con la música o a través de la música. No se trata sólo de ofrecer contenidos puramente musicales, sino de cualquier otra materia desde su punto de vista, pero lo más importante, sacar, como tirando de un hilo, la música que ya hay dentro de las personas, nuestra propia esencia, descubrir ese tesoro que forma parte de todos nosotros. No es más que un bello barco donde subirnos para mostrarnos a nosotros mismos y al mundo quiénes somos. Seres libres conectados a través de la emoción a todo el universo.

Mientras trato en vano de convencer a mi hija para continuar el paseo…que no se acabe este momento.

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