Entender la familia como un equipo

Mada Guzmán

Día tras día nos llegan mensajes de familias que no saben cómo hacer para que sus hijos colaboren en las tareas del hogar, para que dejen de pelearse entre ellos y para que no estén, constantemente, desafiándoles.

Buscan la solución mágica para aplicar en ese momento y transformar la situación: es decir, que cambie el comportamiento de sus hijos.

Sin embargo, la solución que buscan no está en ese momento, sino en todos y cada uno de los momentos de la relación.

La mayoría de problemas vienen de ‘jugar contra nuestros hijos’

Cuando vamos a ser padres, todos imaginamos que vamos a estar unidos, que nos vamos a llevar bien, y que la relación con nuestros hijos va a ser fluida y de confianza.

Pero según nuestros hijos van creciendo, parece que la vida se convierte en una carrera constante por lograr que nuestros hijos nos hagan caso, por conseguir que nos obedezcan (a la primera si puede ser).

Desde esa manera de entender la relación, nos separamos de nuestros hijos, nos ponemos enfrente y desde ahí, elevados en nuestra tarima de experiencia, les señalamos con el dedo dándoles órdenes. Con mayor dulzura o seriedad, pero órdenes al fin y al cabo.

Imagina por un momento un partido de baloncesto que estás a punto de comenzar a jugar. ¿A quién tienes enfrente?

Al otro equipo. A tus adversarios. Tus rivales.

Quienes están de tu lado son los de tu equipo.

¿Con quién vas a colaborar durante todo el partido: con tus contrincantes o con tus aliados?

Cada vez que te opones a tus hijos desde la imposición, te notan en el otro equipo y desde ahí, es imposible que quieran ayudarte. 

Cuál es entonces nuestra posición como padres

Volviendo a la metáfora del baloncesto, cuando tú sales a jugar, no solo quieres ganar tú, quieres que gane tu equipo.

Para ello lo das todo en la cancha y en cada uno de los entrenamientos.

No quieres que gane el árbitro. No quieres que ganen los de la mesa. No quieres que ganen lo del equipo contrario. Quieres que gane tu equipo.

Como padres, a veces olvidamos esto, y no solo nos ponemos el traje del oponente, sino que en muchas ocasiones cogemos el silbato del árbitro.

Creemos que nuestra misión como padres es ver quién tiene razón en una lucha o sancionar con un pequeño castigo cuando se saltan las normas.

Y eso vuelve a alejar a nuestros hijos de nosotros y de querer colaborar de manera espontánea.

En la familia todos somos jugadores. Y no hay un jugador más importante que otro, solo hay jugadores con más o menos experiencia.

Obviamente, hay situaciones en las que no podremos negociar con nuestros hijos ciertas decisiones porque escapan a su entendimiento y/o responsabilidad, pero siempre podemos tener sus necesidades en cuenta.

Cómo hacerles entender que somos un equipo

Está claro que si alguna vez has jugado a algún deporte de equipo o incluso algún juego que fuera por parejas o por equipos, hay un sentimiento colectivo de unión y conexión que se crea.

Muchas veces nos preguntan: ¿cómo hago para que mi hijo entienda que somos un equipo y debe colaborar? Un sentimiento de equipo no se entiende, se siente.

Incluso el más forofo de un equipo, no lo es por algo racional. Es algo que te vibra dentro, algo más irracional, que te hace sentirte parte de ese algo más grande.

La clave está en estar del lado de nuestros hijos, incluso cuando lo que hacen no es lo que queramos, incluso cuando lo que desean no se lo podemos o no se lo queramos dar.

Quizás no quiera darte más chocolate hoy, pero siempre puedo empatizar con tu deseo, comprender tus ganas y ver contigo la manera o el momento en que sí puedas comerlo.

O ganamos todos, o perdemos juntos

Generalmente, la mayoría de padres y madres que nos escriben vienen buscando la manera de ‘salirse con la suya’, pero sin tener en cuenta cubrir a la vez lo que sus hijos están necesitando. Se busca la obediencia ciega por sí misma.

Y aquí es importante que tengamos algo claro. O ganamos todos en este equipo o no gana nadie. No se trata de tener razón, de salirnos con la nuestra, de que nos obedezcan y ya está.

Criar en equipo va de incluir las necesidades e intereses de todos los miembros de la familia.

Habrá veces en que no encontremos la manera de satisfacer todas esas necesidades de manera simultánea, y la forma en que sostengamos las emociones nuestras y de nuestros hijos es vital.

Por perder un partido ¿no es necesario enfadarse entre los jugadores verdad?

¿Te parece difícil estar siempre pensando no solo en lo que a ti te viene bien, sino lo que viene mejor a tu familia?

Te aseguro que es mucho más fácil que estar día a día luchando con ellos para que te escuchen y hagan caso 😉

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