La importancia de las técnicas de respiración voluntaria en la vida diaria

Carlos Joulins Moya

Hola!

Quiero hablarte sobre la respiración.

Sí, la respiración: Eso que está sucediendo en ti constantemente y a lo que la mayoría de nosotros apenas prestamos atención.

La respiración es una “constante vital”, siempre presente. “Constante vital” significa que está sucediendo todo el tiempo (de forma constante) y que de su continuidad depende nuestra supervivencia (es vital).

Y es que la respiración es una función esencial, entre otras cosas, para la nutrición del organismo, es decir, para la obtención de energía. Por medio de la respiración obtenemos oxígeno para que, a través de un complejo proceso, nuestras células puedan producir la energía que necesitamos para seguir vivos.

Siendo una función corporal tan importante, la naturaleza no la ha dejado únicamente en manos de tu voluntad, de modo que es una función principalmente involuntaria. Sucede por sí sola, seas consciente de ello o no. Sucede durante el sueño e incluso cuando estamos inconscientes.

Siendo algo aparentemente tan sencillo y conocido por todos, ¿Por qué quiero hablarte de la respiración?

Resulta que la respiración, al no ser voluntaria, no siempre funciona de la misma forma. Según lo que esté sucediendo en nosotros, la respiración sucede de forma diferente. La respiración cambia para adaptarse a las necesidades fisiológicas del momento: Si el cuerpo necesita más oxígeno por estar más activo, la respiración será más rápida. Si necesita menos oxígeno por estar en reposo, la respiración será más lenta.

Todos los sistemas corporales están íntimamente relacionados, formando un todo sincronizado. Ese todo, se llama “sistema fisiológico”. El sistema fisiológico es muy delicado y complejo.

Por ejemplo, si estamos en reposo o durmiendo, la respiración será más profunda, lenta y regular. Si estamos corriendo, la respiración será más “superficial” (torácica) y rápida.

Hasta aquí todo está claro.

El problema, es que esto no siempre funciona como debería por diversos factores.

La respiración y los demás sistemas corporales se ven afectados por “interferencias”, tales como el estado de ánimo, el estrés, la ansiedad, las emociones…etc.

La complejidad del fenómeno de la respiración comienza cuando tratamos de comprender u observar qué cosas desencadenan los cambios en la respiración.

Todos los sistemas corporales están íntimamente relacionados, formando un todo sincronizado. Ese todo, se llama “sistema fisiológico”. El sistema fisiológico es muy delicado y complejo.

El sistema respiratorio está conectado con el sistema nervioso y con el sistema circulatorio. El sistema nervioso regula el sistema digestivo y este último depende del sistema circulatorio, cuya razón de ser está en el sistema respiratorio, ya que su función principal es transportar el oxígeno a todo el cuerpo. Si algo se altera en este sistema, todo lo demás también se altera en mayor o menor medida.

¿Cómo podemos conseguir que todo funcione como debe y evitar que nos afecten las, antes mencionadas, “interferencias”?

Dentro de este sistema automático interconectado sólo existe un elemento que puede estar bajo nuestro control: La respiración.

El único sistema que podemos controlar de forma voluntaria es el sistema respiratorio. Y gracias a la interconexión de todos los sistemas, actuar sobre el sistema respiratorio nos permite obtener cierto control sobre todos los demás. Es decir que, por medio del control de la respiración, por medio de la respiración voluntaria, podemos regular el funcionamiento del organismo en su totalidad.

Sin embargo, al mismo tiempo, una respiración involuntaria desregulada por “interferencias”, puede desregular todo el sistema. La principal interferencia que altera la respiración de forma continuada, a lo largo de todo el día en algunos casos, es el estrés. Algunas personas han estado sometidas durante tanto tiempo a situaciones de estrés, que su respiración funciona siempre a nivel superficial (torácico).

Así funciona el fenómeno del estrés: Cuando la mente percibe una amenaza (una fuente de estrés, ya sea real o ilusoria) pone todo el sistema fisiológico en modo ¨lucha y huida” para protegernos de ese peligro potencial. Para luchar y huir necesitamos más energía, por lo tanto, más oxígeno. De modo que la respiración se vuelve más superficial y rápida de forma permanente preparándonos para salir corriendo en cualquier momento.

Todas las personas estamos sometidas al estrés en mayor o menor medida. De hecho, es bueno puntualizar que un grado moderado de estrés es necesario para mantener niveles saludables de actividad y alerta.

La sobre activación de la respiración altera la actividad del sistema nervioso que se acelera y consume más energía provocando fatiga. La sobre activación del sistema nervioso altera la actividad del sistema digestivo dificultando la secreción de hormonas y neurotransmisores esenciales para el mantenimiento de un buen estado de ánimo (el 90% de la serotonina se segrega en el sistema digestivo). Esta reacción en cadena genera una sensación general de malestar a nivel físico y mental. Incluso puede provocar trastornos y enfermedades si se sostiene esta situación durante mucho tiempo.

Todas las personas estamos sometidas al estrés en mayor o menor medida. De hecho, es bueno puntualizar que un grado moderado de estrés es necesario para mantener niveles saludables de actividad y alerta. Sin embargo, cuando el estrés elevado se vuelve constante en nuestra vida independientemente de las circunstancias, significa que algo está fuera de control y es el momento de hacer algo al respecto. 

Esa toma de control reside en la respiración. Aquí entra la importancia de las técnicas de respiración voluntaria y del Mindfulness en la vida diaria. Aprender técnicas de respiración y tomarnos unos minutos cada día para practicarlas, se revela esencial para mantener el bienestar físico y mental.

En esta edición del campamento de verano para niños, Campus WOB, estaré enseñando estas técnicas a los Wobers para que durante el Campus puedan integrarlas en el día a día y disfrutar de todo sin “interferencias”. El objetivo final es que, al regresar a casa, estén más plenos y felices que al marcharse. Confío en que estas valiosas herramientas les acompañen a lo largo de su vida.

Pero, como el Mindfulness nos enseña a vivir el presente, podemos comenzar a prepararnos ahora mismo:

  • Tómate un momento para respirar conscientemente.
  • Detén tu actividad y simplemente observa cómo el cuerpo respira por sí solo.
  • Permite que la respiración sea tal y como es, sin cambiarla. (Al principio esto no es fácil)
  • Permanece así el tiempo que te resulte cómodo.
  • Verás cómo es tu respiración de forma natural en este momento y también verás que, al observar la respiración, poco a poco ésta comienza a cambiar por sí sola, volviéndose más lenta y profunda (movilizando el abdomen).

Observa cómo te sientes durante y después de esta práctica. Si realizas esta práctica con regularidad durante algunos meses, experimentarás una reducción progresiva de tu nivel de estrés y te permitirá gestionar la cotidianidad con más presencia y serenidad.

Salud, plenitud y larga vida.

 

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